De hecho, la Concejalía de Turismo también prevé que se pueda instalar en ese enclave del parque un punto de información para los visitantes extranjeros, para "explicarles en tres idiomas la historia de Santa Catalina".
La de Lolita Pluma es bien conocida por los usuarios más veteranos del lugar. María Dolores Rivero Hernández fue un entrañable personaje popular, que ya se hizo notoria en la época de explosión del turismo extranjero en la plaza. Motivo de curiosidad y reclamo para los visitantes, su maquillaje excesivo, sus gatos y su estrafalaria vestimenta construyeron en torno a su figura un auténtico icono urbano, asociado para siempre a Santa Catalina.
Nacida en La Isleta (aunque pasó su niñez en Arucas), vendió chicles a los viandantes, asombrados por los bolsos y trajes que lucía, y se convirtió en un añadido más a las terrazas de la zona. Fue, cómo no, carnavalera de pro. Falleció justo antes del comienzo de las fiestas de 1987, a los 82 años de edad, dejando tras de sí un recuerdo imperecedero, al que hoy rinde homenaje su estatua.
Al fin, tendrá un pedestal, y un parterre para ella sola. Incluso es previsible que se vuelvan a escuchar junto a su silueta parloteos en inglés, alemán o algún idioma escandinavo, en un moderno punto de información turística. La reforma contemplada la respeta, e incluso le reserva honores mayores, con la nueva disposición. Como una de las estrellas del parque.
A.O.
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