El inicio de la sardina se hizo de rogar; como no puede ser de otra forma en un entierro, el más divertido y el nexo de unión del Carnaval actual con el de la mascarita tradicional. Un desfile sin orden y con el concierto de la banda de cornetas y tambores de La Candelaria, de Finca Pacho, donde ellos son ellas, y los otros, mascaritas. Tan pronto tocaban el "Mami qué será lo que quiere el negro", como otras interpretaban el "Himno de la alegría".
Junto a los personajes incondicionales del Entierro de la Sardina, los botones Manolo Peña y Fermín Hernández, de Mamelucos, que con corona en mano abrían la comitiva. Es el único momento con orden. El arranque. Y, detrás, un divertido desorden, donde ellos, disfrazados de ellas, desfilan con su modelito de diseño para la Sardina. Y es que no por ser el último acto del Carnaval "reglamentario" es el menos importante para ellos, que van de ellas, entre plumas y abanicos.
En este cementerio, la difunta, la Sardina que acompaña la Cofradía del Chicharro de la Ni Fú-Ni Fá, va detrás. Y en medio, el cortejo que regala ingenio y alimenta al público que se alonga a la acera en busca de un desmayo, ávido de recibir la broma.
Humberto Gonar
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