Desde Infonortedigital queremos recordar los antiguos Entierros de La Sardina de la villa marinera, pues no en vano es uno de los más antiguos de la isla.
El primer Entierro de La Sardina se celebró en el año 1967, y para que pudiera realizarse, el alcalde de Agaete, Andrés Rodríguez, tuvo que asumir la responsabilidad ante las autoridades de la época, por si acaso al pueblo le daba por desbocarse, cosa que no sucedió.
En la década de los años 70 se convirtió en uno de los principales actos que se celebraban en Agaete, ya que atraía a miles de curiosos en cada edición.
Prueba de ello es que el domingo en el que se celebraba el Entierro de la Sardina, en la villa no cabía nadie desde primeras horas de la mañana, ya que venía gente de todas partes, a disfrutar del espectáculo, en el que solo podían participar los vecinos, y los de fuera tenían que conformarse con mirar.
El pique entre la villa Arriba y la Villa Abajo, centraba los preparativos del Carnaval, ya que cada año, los de la Villa Arriba intentaban por todos los medios conocer los disfraces de la Villa Abajo, y estos se esforzaban para que no consiguieran la información.
De la villa abajo salían casi doscientas personas, repartidas entre la murga Sin Ton Ni Son, el grupo de las mujeres, las jóvenes y las niñas. De la villa arriba salía el grupo de Los Rebeldes, todos disfrazados y dispuestos a mover el cuerpo.
Los Sin Ton Ni Son fue una de las primeras murgas de la isla y sus letras se hicieron famosas, tanto que hasta el alcalde de Guía llamaba al de Agaete, para conocer si le habían dedicado una canción, y decidir si iba o no iba.
En la vieja herrería, Juan Antonio, confeccionó los instrumentos de la murga, auténtica obra de arte, porque hasta sonaban bien, y en la vieja zapatería se confeccionaron los zapatos de los payasos de tan buena manera, que algunos han llegado hasta hoy.
El domingo del Entierro de La Sardina, todo era puro ajetreo, ya que los preparativos comenzaban temprano, y ya al mediodía, entre copa y tapeo, llegaba el momento de colocarse el disfraz, el maquillaje y los complementos, y luego a tomar la calle, en una serpiente multicolor que recorría el pueblo, llenándolo de alegría.
Era un auténtico desfile de color e imaginación, que dejaba hermosas estampas como la del año en el que los Rebeldes, hicieron todo lo posible para retrasar la cabalgata, para que se hiciera de noche y encender unas antorchas que iluminaron los bailes, causando sensación.
Estampas como las de las madres de familia, vestidas de antiguas, sombrillas en mano, bailando acompasadamente en la calle, y aquellas jóvenes vestidas de hawaianas, luciendo su incipiente juventud, llenando el alma de gozo.
La lluvia no podía con el carnaval de Agaete, y prueba de ello es que un año llovió a cantaros y a las jóvenes de la villa abajo se les destiñó el disfraz, lo que no impidió que siguiera la fiesta, y el carnaval brillara aún con más fuerza.
El recuerdo del antiguo Entierro de la Sardina de Agaete, nos trae a la memoria la visión de Lacito y Juanita, con sus originales disfraces y ese buen humor, con el que han conseguido ser una parte importante de la historia festiva de la villa. Nos trae la imagen de las carrozas de los hermanos Titos, la de las hermanas Cruz, conocidas como las Cocheras, el grupo de Lidia con sus disfraces de Indios, los grupos que se formaban en San Sebastián y en Las Nieves, al grupo de viudas con Teté y Agustín a la cabeza, a los vecinos espontáneos con sus mejores disfraces, entregando todos, lo mejor de sí, para que el Carnaval de Agaete tuviese un nombre propio, que sonara bien alto.
A través de varios vídeos fotográficos, comenzamos a recordar aquellos carnavales de Agaete, lo que ha sido posible gracias a la colaboración de Isidro García Álamo, quien nos ha dejado su valioso archivo fotográfico personal para compartirlo con todos nuestros lectores y lectoras.
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