Un nutrido grupo de vecinos de todas las edades de este populoso barrio de Ingenio acudieron ataviados con los más variados, originales y divertidos disfraces, tanto de grupo como individuales, para recorrer las principales calles de la zona, acompañando en sus últimos coletazos al agonizante Pejín.
Una carroza engalanada y con música portaba al protagonista de la fiesta carnavalera hasta su última morada, la plaza Juan González Cruz, donde tras el responso y entre llantos de las desconsoladas viudas, finalmente fue incinerado.
Luego continuó la fiesta con buena música, un ambiente muy animado y, para reconfortar, unas exquisitas tortillas de Carnaval elaboradas por los propios vecinos.
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