En los grupos del Carnaval, los componentes son realmente unos apasionados de esta fiesta que están muchos meses ensayando letras, canciones, coreografías,… para participar en el concurso y disfrutar de la fiesta desfilando por la calles de la ciudad. Pero como hemos hablado en otros artículos anteriores, con el paso de los años estos se han convertido en verdaderas “empresas profesionales”, en donde se pagan músicos, directores musicales, letristas, coreógrafos, grupos de baile, coros… Esto nos hace replantearnos el amor o dedicación al Carnaval de las nuevas generaciones, ya que, muchos si no cobran no salen.
Como se habla en cualquier reunión sobre el Carnaval, y sobre todo de historia carnavalera, nos planteamos que cuando una generación que ahora mismo ronda los cuarenta años que pertenecieron a la época dorada del Carnaval de Tenerife, aquella del traslado del Teatro Guimerá a la Plaza de Toros y posteriormente a la Plaza España; muchos grupos terminarán por desaparecer , ya que, aunque no tengan cargos dentro de los colectivos son los “verdaderos” amantes de la fiesta y cohesionan los grupos para preparar todo lo necesario para cuando llegue Febrero.
No nos imaginamos a D. Enrique González cobrando por hacer una letra a la Afilarmónica Ni Fu Ni Fa, o Manolo Monzón por montar la música del repertorio de la comparsa Los Rumberos. Tantos y tantos murgueros, comparseros, rondalleros, … que han dejado horas y días de sus vidas en los locales, que no miran el reloj para ver cuando se acaba el ensayo, o noches que acaban con un desayuno de chocolate con churros ¡¡umm que rico!!; para que cuando suban al escenario lograr esa actuación perfecta en el concurso. Ellos son los que cuando se acaba el último acto, miran el calendario para marcar cuando es la primera reunión para preparar el siguiente Carnaval, ellos sin son los verdaderos amantes de esta fiesta.
Quizás el amor al Carnaval debe ser más fuerte, que el dinero que por él se crea.
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