Nareme Melián ha hecho lo más difícil todavía, que un autor del cartel del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife puede conseguir, poner a todos los carnavaleros de acuerdo en la aceptación del cartel, que bajo el nombre “La guardia del cetro”, ha encandilado a casi la totalidad del mundo que rodea esta fiesta.Críticas siempre existen y más en un tema tan abierto como este, pero las que nos han llegado, suenan más a risa, que a una crítica cierta, como era la falta de ortografía, porque febrero se escribe con minúscula y no en mayúscula como realza en el citado cartel.
Aúna dos cosas fundamentales para ser la imagen de nuestra fiesta , color y temática. Algunos opinan que debería tener alguna simbología del lugar al que representa, en este caso Santa Cruz, pero para gusto y opiniones, existen miles. La simbología más fuerte que tiene y en donde gira toda la obra es el cetro de la Reina del Carnaval, que ha caído en el olvido en muchos años, donde casi no tiene ni relevancia en nuestro Carnaval. Hecho que convierte en un cartel con un elemento diferenciador con es este, y que buscó el no caer en estereotipos como en muchas ediciones anteriores. Simbología muy fácil de reconocer, como pueden ser la Plaza España, Auditorio,…
Por cierto cetro que sólo disfruta la Reina del carnaval, sólo unos minutos sobre el escenario, ya que, cuando baja de él, es el Organismo Autónomo de Fiestas quien vuelve a guardarlo recelosamente hasta el próximo Carnaval. Hemos visto como en otros lugares es la simbología de la fiesta, y durante todo el año está bajo la tutela de la Reina de ese año. Pero en Tenerife no es así, sólo una Reina al Carnaval tiene un cetro en propiedad en su dominio. Ella es Cecilia Navarro, Reina del Carnaval del 2016, que fue obsequiada por Reidacan (Asociación de Reinas y Damas de Honor del Carnaval de Tenerife) con un cetro realizad en cristal, pero que nada tiene que ver con el original y que sale en el cartel del Carnaval 2018.
Llevamos cuatro años donde las tendencias sobre el cartel del Carnaval son cíclicas y opuestas, mientras en unos años la gran mayoría es opositora al cartel, al año siguiente esta mayoría se convierte en apoyos para la obra del año siguiente. Por ejemplo en 2015, el cartel de Alejandro Tosco no fue entendido por muchos como imagen del Carnaval, mientras al año siguiente se apoyó al cartel de Javier Torres (2016). En el pasado Carnaval, la obra de Pepe Dámaso también levantó a muchas voces (una mayoría) que no le gustaba la obra, aunque respetasen la trayectoria de toda una vida dedicada al arte de Pepe Dámaso. Y así llegamos otra vez al punto de partida de este artículo con la gran acogida que ha conseguido la obra de Nareme Melián, en el poco tiempo que fue anunciado como imagen de nuestra fiesta más importante… el Carnaval.
No hay comentarios:
Publicar un comentario