Este año cumple nada menos que 45 como murguero. La primera vez fue en el 71, con Los Tontos del Bote. Solo cinco febreros más tarde se trajo a los Casi Nada para La Cruz del Señor y luego llegó su incorporación a la Ni Pico. "Entré el lunes y ya el viernes me nombraron director de la infantil", apunta con excelente precisión y una memoria envidiable. Casi toda su vida en la fiesta, sin embargo, es una historia de dedicación plena y sincera a Mamelucos, su murga y una de sus más grandes devociones.
"Sigo en la fiesta porque me apetece, ahora todavía más porque ya estoy prejubilado", cuenta Manolo, hombre respetado y querido por todos. Le contempla una trayectoria sin máculas, de absoluta pasión por la fiesta y de magnífica relación con los demás grupos. "No tengo enemigos, nunca en la vida los he tenido", subraya. "Yo no soy mucho de visitar otros locales pero sí da gusto sentirme cómodo y bien con los componentes de otras murgas. Me siento orgulloso por cómo me tratan, y no solo ellos, también los carnavaleros de otros concursos y hasta los periodistas que nos siguen", comenta.