La profesión, siendo importante, no permite describir en plenitud la vida de María Isabel Coello Higueras, pues fue mucho más que una modista que con impronta original supo elevar el ingenio y dotó de sabiduría al mundo del Carnaval. Quienes le conocieron en la cercana o próxima vecindad saben que nunca contuvo su ansia de empeño y pueden dar fe de su abierto carácter, de su valentía que, en contagioso entusiasmo, le hacía estar siempre presta para dar su colaboración, sin detenerse ante los límites reales o imaginarios que la vida y el convencionalismo del entorno han establecido.El pasado año, con la salud algo afectada, el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife bautizó con su nombre una de las calles del Duggi, su barrio chicharrero; la hasta entonces calle Sin Salida pasó a adoptar la personal denominación. Unos años antes había superado el motivo, la razón que amparaba la primera designación dada en sus orígenes; la pequeña vía concluía ante el muro que delimitaba a las cocheras del antiguo Hospital Militar. Hoy desemboca en la plaza de María Auxiliadora, frente al Centro Sociosanitario Santa Cruz.
En el acto, revestido con el protocolo de rigor, intervino la Banda Municipal de Música de Santa Cruz de Tenerife, que interpretó fragmentos de zarzuela y el pasodoble Islas Canarias. Los temas trataban de responder a dos facetas que han estado presentes en su vida y abarcan el rango de correspondencia y amistad de la homenajeada: su relación con el director de teatro José Tamayo, con quien colaboró realizando vestuario para alguna de sus obras, y la amistad que desde la más temprana edad ha mantenido con la cantante María Mérida