El venezolano Orlando Morales Padrón llegó a Canarias en 1989 y, desde hace 21 años, lleva las riendas de la cafetería El Orche, que cada año experimenta la auténtica revolución del Carnaval. El local, situado en el centro neurálgico de la capital tinerfeña, prepara las semanas previas a la popular fiesta chicharrera con toda la ilusión. Tanta, como el día en que el propio Orlando consigue el letrero de permiso de barra en el Ayuntamiento: “Salgo con una sonrisa de oreja a oreja”.
En una entrevista concedida a DIARIO DE AVISOS, el dueño de El Orche explica que “organizamos el Carnaval con bastante previsión porque ahora se requieren muchos permisos, como el de barra o música”, siempre y cuando los establecimientos cumplan las condiciones requeridas. Este año, además, se une a esta serie de condiciones la de gestionar los residuos que se generen durante las jornadas festivas, impidiendo que los carnavaleros se queden con las latas y botellas que compren. “Sabemos que estas medidas están enfocadas al control de residuos en la ciudad, pero realmente el botellón es lo más que genera basura, no los quioscos ni las barras; es impresionante cómo queda la calle”, indica.
Orlando prepara su plantilla para afrontar el ritmo de trabajo y el estrés que se vive como barman en una noche carnavalera. En su barra, trabajan unos 6 o 7 empleados dependiendo de la afluencia de gente prevista para cada día. Aunque bromea cuando afirma que “mientras contemos con refrescos, hielo, pinzas y botellas, todo sale”. En este sentido, el propietario reconoce que la festividad le aporta bastante rentabilidad económica y “todo lo que venga extra, bienvenido sea”.
En una entrevista concedida a DIARIO DE AVISOS, el dueño de El Orche explica que “organizamos el Carnaval con bastante previsión porque ahora se requieren muchos permisos, como el de barra o música”, siempre y cuando los establecimientos cumplan las condiciones requeridas. Este año, además, se une a esta serie de condiciones la de gestionar los residuos que se generen durante las jornadas festivas, impidiendo que los carnavaleros se queden con las latas y botellas que compren. “Sabemos que estas medidas están enfocadas al control de residuos en la ciudad, pero realmente el botellón es lo más que genera basura, no los quioscos ni las barras; es impresionante cómo queda la calle”, indica.
Orlando prepara su plantilla para afrontar el ritmo de trabajo y el estrés que se vive como barman en una noche carnavalera. En su barra, trabajan unos 6 o 7 empleados dependiendo de la afluencia de gente prevista para cada día. Aunque bromea cuando afirma que “mientras contemos con refrescos, hielo, pinzas y botellas, todo sale”. En este sentido, el propietario reconoce que la festividad le aporta bastante rentabilidad económica y “todo lo que venga extra, bienvenido sea”.


