Muy buenas don Ramón, ¿está de acuerdo de cómo le hemos calificado?Después de más de cuarenta años estando en primera línea en el mundo del Carnaval y, sobretodo, en el mundo de las murgas, es lógico que se me considere como un entendido en estos temas y, por la investigación realizada a lo largo de los años, sobre los carnavales que se celebran en el archipiélago, que ha motivado la edición de libros, artículos de prensa y otras publicaciones, es cierto que se me conoce como un historiador del Carnaval en Canarias.
Brevemente, ¿Cual es su historia?, ¿Por qué le apasiona tanto este tema?
Comencé a participar en el Carnaval, de forma activa, en 1969, fundando y dirigiendo una de las primeras murgas infantiles de Tenerife, “Los Piotinos”. Continué en la brega murguera hasta 1986, donde, por incompatibilidad con mi trabajo, tuve que abandonar mi actividad en primera línea. Fue entonces cuando, para no desvincularme del Carnaval, comencé a investigar sobre el pasado de la fiesta, en hemerotecas, archivos y bibliotecas, dando origen a la publicación de mi primer libro, y el inicio de una larga actividad como colaborador en distintos medios de comunicación, tanto en prensa escrita como en radio y televisión, y la participación en numerosos ciclos de conferencias y jornadas de charlas, o siendo jurado en concursos de agrupaciones o en la elección de la “Reina del Carnaval” en varias localidades del archipiélago, o en semanas culturales o congresos vinculados al Carnaval, tanto en nuestras islas como en la península, en un periodo donde, de forma intermitente, vieron la luz mis otros cinco libros, que me han deparado, aparte de una gran satisfacción personal, el reconocimiento de distintas agrupaciones e instituciones.
Desde su punto de vista, ¿Podría definir el concepto de murga?
La murga nace como la única agrupación bufa del Carnaval. Todo era humor y caricatura. En tiempos de la prohibición y de las “Fiestas de Invierno” la murga pasa a jugar un papel muy importante en la sociedad, añadiendo una vertiente crítica que los medios de comunicación no se atrevían a hacer, por lo cual fue catalogada como “la voz del pueblo”. Por ello, la murga, en la actualidad, es una agrupación carnavalera donde el humor y la crítica en sus canciones le define por antonomasia.
¿En qué murga saldría si fuese murguero?
Ninguna murga de hoy en día tiene la hegemonía perenne en mis gustos porque, por fortuna, cada año nos sorprende gratamente una, por ejemplo, y, a veces, otras se presentan por debajo del nivel que uno espera. Afortunadamente en el mundo del Carnaval no existe cátedra y, por ello, puede sorprendernos más y muy gratamente gente de nueva participación que avezados carnavaleros con varias décadas de participación en su currículum.
Suponemos Ramón que tendrá predilección por alguna murga, pero hemos observado que se interesa por todas las murgas, tenga la calidad que tenga, ¿no es así?
Totalmente cierto. Presumo de tener amigos en la inmensa mayoría de las murgas de nuestras islas, y es realmente enriquecedor comprobar la enorme diversidad que existe entre las agrupaciones de un pueblo u otro o de una isla u otra, tanto a la hora de interpretar sus canciones como en la propia filosofía de lo que supone para un colectivo de amigos formar una murga. Por eso me interesa muchísimo todo movimiento carnavalero o murguero, y, también, porque con tantos amigos he pasado infinidad de momentos realmente inolvidables.
¿Qué contenido debe tener una letra murguera?
Para mí, una buena letra está muy por encima de una buena interpretación musical y, además, creo que la murga, aunque sea crítica, no debe olvidar su papel de bufón de la fiesta, y de ejecutar recursos tan genuinamente murgueros como son la sátira, la ironía, la picardía, el doble sentido, el insinuar… Esto no significa descartar, ni mucho menos, la crítica en la murga, pero considero que siempre debe tener matices irónicos. Me parece muy facilón el recurso de la crítica ácida.
La pregunta que le hacemos a continuación se la realiza don Humberto Gonar, así que… (jajaja). Ramón, ¿cómo se puede ser juez y parte al ser miembro del Organismo Autónomo de Fiestas y miembro de la Federación de Murgas de Tenerife?
No creo que sea juez y parte por mi condición de miembro del Consejo del Organismo Autónomo de Fiestas y de colaborador, en algunas actividades, de la Federación Tinerfeña de Murgas. En ambos casos me considero una persona que, de forma altruista y desinteresada, intenta aportar ideas y trabajo para engrandecer nuestro Carnaval, por un lado, o el gremio murguero por el otro, pero, en ambos casos, sólo soy eso, un colaborador con voz pero sin voto. Por citar un ejemplo, en la reunión del Consejo donde se aprobaron recientemente las bases para el concurso de murgas yo fui el máximo detractor de las enmiendas presentadas por la Federación Tinerfeña de Murgas porque pensé, y sigo pensando, que eran negativas para el colectivo o que no mejoraban las de la pasada edición del certamen.
¿Qué opinión le merece “el pique” entre las murgas de Gran Canaria y Tenerife?
El llamado “pleito insular” siempre ha sido un recurso habitual en las murgas para provocar la hilaridad del público. Aunque ha habido algún caso de pasar la raya de la broma para convertirse en insulto, en realidad siempre se ha enmarcado dentro de un contexto festivo, de chanza, como algo jocoso propio de la fiesta, y así lo entiendo y hasta me río cuando se hace con ingenio y gracia. Más me preocupa cuando esa maña que desune a los canarios se emplea en otros ambientes que no tienen nada que ver con la fiesta, en otros círculos u otras dimensiones de la vida cotidiana como, por ejemplo, en la política, o en otros ambientes más lúdicos como en el deporte. En esos casos ya no me hace ninguna gracia.
¿Nos podía hacer alguna referencia de las murgas conejeras?
Lanzarote es y ha sido una isla de honda raigambre murguera. Desde que en 1971 debutara la murga “Los Relamidos” de Arrecife, – fundada por los que más tarde crearon la “Asociación de Amigos de la Música” -, se extendió de forma imparable esta forma de vivir el Carnaval, pues pronto comenzaron a aparecer las primeras murgas conejeras, como “La Casa del Miedo”, debutante en 1975, o la murga mixta de Tinajo “Los Marchosos” de La Vegueta, fundada en 1981, o “Los Intoxicados” de Arrecife, debutante dos años después, siendo la primera murga de Valterra, o “Los Batateros” de San Bartolomé, también debutante en 1983, dando origen, al año siguiente, a la fundación de “Las Revoltosas”, una de las primeras murgas femeninas de Canarias, la primera de su provincia y la primera del archipiélago en obtener el título de “afilarmónica”. Tras estas primeras agrupaciones fueron surgiendo murgas en la totalidad de los municipios lanzaroteños, como “Los Purretos” de Haría (1984), “Los Gruñones” de Tías (1988), “Los Trompeteros” de Teguise (1989) y “Los Papagayos” de Yaiza (1991), sin olvidar la primera murga de la pequeña isla de La Graciosa, denominada “Los Engañaos”, debutante en 1982. La aparición de estas murgas motivó la creación del Concurso Insular de Murgas de Lanzarote, uno de los certámenes murgueros más veteranos y de mayor importancia en el archipiélago.
Ramón, ¿Que pregunta le hubiese gustado que le hiciéramos?
En dos ocasiones he sido invitado por “Los Simplones” para participar en un ciclo de conferencias sobre las murgas en general y los carnavales en particular. En ambas ocasiones, tras un gran trabajo por parte de la directiva murguera, fueron suspendidos dichos actos por falta de apoyos de la administración pública y de empresas privadas. Lanzarote tiene una riqueza cultural, en el ámbito del Carnaval, realmente envidiable, con un gran bagaje en el llamado “carnaval etnográfico”, – con manifestaciones propias y genuinas del pueblo conejero, como Los Diabletes de Teguise o Los Buches de Arrecife -, o el fenómeno murguero de Valterra, – un barrio que ha visto nacer en sus fueros más murgas que muchísimos municipios canarios -, o el hecho de haber sido Arrecife, junto con Santa Cruz de Tenerife, Puerto de la Cruz, Santa Cruz de La Palma, San Sebastián de la Gomera y la villa grancanaria de Agüimes, una de las pocas poblaciones que en tiempos franquistas celebró el Carnaval, aunque con el eufemismo de “Fiestas de Invierno”. Sin embargo toda esa riqueza carnavalera es desconocida fuera de la isla y hasta me atrevería a afirmar que también es ignorada en gran parte de la población conejera, dando la sensación de no existir interés alguno en potenciar, divulgar y promocionar el Carnaval lanzaroteño por parte de la administración pública y entidades culturales de la isla. La verdad es que esperaba alguna pregunta para conocer mi opinión sobre esa llamemos “desidia política y cultural” del Carnaval conejero. En cualquier caso, me alegro que no me lo hayan preguntado.
Muchas gracias Ramón por colaborar con esta Web, y le instamos a que siga difundiendo el tema murguero con la misma pasión y entrega que lo hace.
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