| M.E. |
Económicamente no fue gran negocio estrenar aquí
tanto "Sonrisas y lágrimas" como "My fair lady". Era un
estreno absoluto y era más rentable hacerlo en Madrid. Pero me empeñé en
hacerlo aquí y lo conseguí por egoísmo personal, porque aquí me encuentro como
en mi casa.
¿Se
siente frustrado por no volver a dirigirla gala del Carnaval?.
Me encuentro sinceramente muy frustrado. No es una
queja ni estoy en contra de nadie. La gala tiene un estupendo director, Juan
Carlos Armas, que formó parte de mi equipo, a quien le dejé dirigir un año la
gala infantil. El equipo de gobierno anterior me prometió cuatro galas y no
hice más que dos, con lo que me deben dos y espero hacerlas (se ríe). Cuando
vino la gran crisis, me ofrecí gratis. Hubo un problema un año. Se publicó:
"CC no cuenta ya con Azpilicueta y me enteré de que venía Amargo por el
periódico. Me di por despedido y quedaron esas dos galas pendientes. Me duele
que ni siquiera me contestaran.
¿El
esplendor del Carnaval es inversamente proporcional a la cobertura televisiva?
Si tienes un productor de primera calidad, como lo hemos
tenido, las televisiones se pegan por hacerlo. Pasamos de una gran cobertura a
una pequeñez.
¿Con
qué Carnaval se encontró en 1988, cuando tomó el testigo a su antecesor, José
Tamayo?
Era una gala muy cerrada, técnicamente imposible.
Hubo mucha suerte de que no ocurriese nada. Incluso en cuanto a seguridad, porque
la plaza de toros no reunía condiciones. Era terrible. En desalojarla se
tardaba media hora. Si llega a pasar algo... Si en algo me pongo una medallita,
junto a Maribel Oñate y a Chicho Ibáñez Serrador, fue cuando hicimos Egipto en
la plaza de España (1989) y se vendieron todas las filas que se querían hasta
la plaza de La Candelaria. Eso fue abrir un festejo principal dentro del
Carnaval, que hasta entonces se veía por televisión y con suerte. Fue el gran salto.
No creo que la pequeñez sea un problema de presupuesto. Si montas un musical y
dices en lugar de veinte decorados dos; en vez de diez bailarines, cuatro... indiscutiblemente,
desde los espónsores hasta la taquilla, todo va a sufrir y todo se va
empequeñeciendo hasta convertirse en un hecho natural. Mi última gala, la del
terror, se hizo con cuatro pesetas en el recinto ferial, un sitio que no reúne
condiciones, y fue un gran éxito.
Pero
parece que crisis y Carnaval no conjugan bien...
Un espectáculo popular en teoría se tendría
que hacer solo con lo que cueste la luz. ¿Cree que Río de Janeiro sin el
sambódromo llenaría los hoteles y vendería la señal de televisión por todo el
mundo y sería el referente mundial? No. Hay que apostar, pero con sabiduría. No
creo que la gala la pueda dirigir cualquiera, de la misma forma que yo no puedo
ser alcalde. El problema es que quienes deciden quién dirige la gala tienen muy
poco que ver con el espectáculo, y esta
profesión no se inventa.
¿El
Carnaval de Tenerife ha ido a menos?
Creo que sí, y Las Palmas a más. El Carnaval de
Santa Cruz estableció un modelo artístico que se sigue haciendo. Las Palmas nos
ha ganado indiscutiblemente en cuanto a producción y medios; ¡no hablo de
talento! Y que no digan que es una cuestión de dinero. En mis primeras galas
cobré 6.000 euros. Jamás pedí ni un duro, si firmé un contrato en la primera época.
Cuando cobraba ya me había gastado la mitad por vivir dos meses y medio fuera
de mi casa. Es falso que no me llamen por presupuesto. Hasta me dijeron que el
alcalde había dicho que la gala la tenía que dirigir un señor nacido en Santa Cruz.
Decirme que soy extranjero aquí es una ofensa para mí. Sería como decirle al
Tenerife recién ascendido que todos los jugadores tienen que ser de aquí... ¿Importa
más quien lo haga que el resultado? No estoy pidiendo trabajo; afortunadamente
me sobra. Tengo hasta el año 15 todo cubierto, pero cuando llega diciembre y no
me vengo para acá el mundo se me viene encima. Lo necesito para vivir.
Ahora
se baraja para la dirección de la gala a dos pupilos suyos: Juan Carlos Armas y
Enrique Camacho. ¿Por qué no recuperar la versión original?
Sí, es una buena pregunta, sobre todo porque no me
he muerto todavía (se ríe).
¿Qué
hace falta para que Azpilicueta dirija el Carnaval 2014?
Creo que está decidido, ya que lo hará Juan Carlos
Armas, y no quisiera para nada inmiscuirme. Política y humanamente parece bastante
aceptable; si no, parecería que se le quita por lo que ocurrió. Esa decisión avalaría
que Juan Carlos no tuvo culpa en lo que ocurrió en la última gala. Ahora, yo estoy
aquí para el Carnaval 2015.
Pero
el Carnaval no es una ONG...
También es verdad.
Supongo
que el director es responsable de lo que pasa delante y detrás del escenario...
Si me llega a haber ocurrido a mí, y me entero, por
lo menos lo hubiera comentado. El director de la gala está en ochenta sitios y
a lo mejor no se entera. Yo no utilizaría la palabra "culpable". Creo
que hay responsables. ¿Por qué se autorizó? ¿Por qué no hubo un poco más de
sensatez?
¿Levantará
vuelo el Carnaval?
el motivo del Carnaval.
¿El
caso Salda ha herido de muerte al Carnaval?
No, aquí hay una vitalidad fortísima... Tal vez el
Carnaval ha perdido la capacidad de deslumbramiento. No sé cómo, pero volveremos
a la Plaza de España…
Humberto Gonar
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