"Disfrutamos más y estar en los dos concurso es un aliciente", apunta Moisés Donate, presidente de este grupo que no ha hecho sino crecer. El año pasado se clasificó con justicia para la final y aún está reciente el buen sabor de boca que les dejó su gran conquista, el Segundo de Interpretación con el celebérrimo tema de los militares. "Afrontar ambos concursos en semanas diferentes te da tiempo a repensar, cambiar detalles y variar matices si no funcionaron en Santa Cruz", dice. El director, mientras, asegura que el reto es "adecuarse a cada concurso". "El año que cantamos a los feriantes, apenas había espacio en el escenario del norte y tuvimos que hacer alguna parodia fuera", dice.
Otra dificultad añadida es que "son públicos diferentes", apunta Moi. "La tendencia es ir hacia críticas más generales, pues si hablamos de políticos del norte en Santa Cruz, a lo mejor no se les conoce", sugiere. Aunque la presencia de un grupo crítico norteño en el concurso capitalino ha sido un asunto que ha suscitado un sinfín de debates, en Trapaseros se sienten "agraciados", destaca Juanca.
Entretanto, en el camino hacia el primero de los concursos se nota la ambición, la ilusión y el entusiasmo en cada ensayo. Todo ello con ese componente extra de motivación por querer ganar en el Norte y visitar Santa Cruz en las bodas de plata de la murga. Bien lo sabe uno de sus componentes, Luciano García, hijo de uno de los fundadores y que aprendió la especial idiosincrasia de los ´trapas´ en su propia casa. "Esta murga proviene de la histórica Noveleros, a la cual pertenecían mis padres. Se dividió en dos, la masculina Trapaseros y la femenina Quisquillosas, que luego se disolvió. Es un honor formar parte de esta familia carnavalera", apunta. Y también ha de ser un honor para Santa Cruz recibir a un grupo así: ambicioso, innovador, en crecimiento constante. Una murga que se asoma al escaparate de la capital pero sin olvidar sus raíces y su norteño acento de Los Realejos.
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