Lo cierto es que hay tantas diferencias como similitudes, pero incluso entre aquellos actos que, a priori, parecen iguales. Para empezar solo basta con echar un simple vistazo al programa de actos para darse cuenta de que ni siquiera las fechas coinciden. Así, algo tan normal para los chicharreros como celebrar el Entierro de la Sardina el Miércoles de Ceniza, en la capital grancanaria se realiza para despedir el Carnaval en lo que en Santa Cruz de Tenerife se conoce como Domingo de Piñata.
La Cabalgata, concebida en la capital tinerfeña como el arranque de la fiesta en la calle, se celebra el sábado en Las Palmas de Gran Canaria... y sin Reina Infantil, porque la niña que logre ese cetro será elegida el domingo siguiente. Tampoco participará en ese desfile la Drag Queen ganadora puesto que, a pesar de ser el certamen más esperado entre el público, será elegida el día antes de que concluya la fiesta.
Los bailes de fechas es una cuestión que no pasa de una mera anécdota. Pero donde se esconden las verdaderas diferencias es en la propia gestión y organización de ese programa. Hay eventos similares (que no iguales) en ambos carnavales: concursos de murgas y comparsas, elección de las reinas Adulta, Infantil o de Mayores y de disfraces. Pero dentro de su propia particularidad, originalidad, innovación, tradición o grandeza, cada una de las fiestas presume de actos únicos.
Santa Cruz tiene algo que ahora empieza a dar sus primeros pasos en Las Palmas: cantera. Las murgas infantiles, aunque tienen presencia desde hace años en la ciudad canariona, suman una trayectoria chicharrera de más de cuatro décadas. Hasta 21 grupos participan este año en el concurso, que se ha desarrollado a lo largo de esta semana en el Recinto Ferial. Si hace 20 años, el certamen infantil se desarrollaba en una sola tarde, con el paso del tiempo el auge de las murguitas ha provocado que el concurso se amplíe en la actualidad hasta tres noches. Mientras, en la isla vecina se desarrolla dentro de un festival un domingo por la tarde.
Si se trata de grupos, se podría decir que los chicharreros aventajan a los grancanarios. Rondallas y agrupaciones musicales no existen en el Carnaval de Las Palmas, donde además las comparsas solo concursan en el escenario ya que el espectacular desfile (con premios inclusive), conocido como Ritmo y Armonía, aún no se ha desarrollado. Tampoco cuentan los canariones con un grupo como Los Fregolinos, que sin concurso ni colectivo similar no falla en la fiesta.
No obstante, allí aventajan a los tinerfeños en actos originales: concurso de escaparates, de maquillaje, carnaval canino y la esperada Gala Drag Queen. Además, a diferencia de en Tenerife, el Carnaval de la capital grancanaria empieza, como otras muchas fiestas populares, con la lectura de un pregón que sirve para dar el pistoletazo de salida a los festejos. En la edición de 2014 se eligió al responsable de este acto por votación popular y el nombre resultante fue el de Charyna Vega, hasta entonces murguera con años de experiencia, que sirvió de voz a los carnavaleros. En esta ocasión, el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria apuesta de nuevo por un miembro del grupo crítico. Conocido también en Santa Cruz de Tenerife, donde se ha ganado el respeto y la simpatía de los murgueros, el director de Los Chancletas, Tito Rosales, será orador el 31 de enero.
La organización, en líneas generales de las fiestas de invierno, difiere en aspectos fundamentales, tal y como ha quedado reflejado durante esta semana con el plante de las murgas de Gran Canaria a la emisión del concurso por no cobrar el canon por derechos de imagen. La noticia llegó con extrañeza al colectivo de grupos críticos chicharreros, a los que eso de percibir fondos por salir en televisión les sonaba demasiado raro. La diferencia radica en el propio sistema de financiación de los grupos, no solo las murgas, que participan en los diferentes certámenes. En Gran Canaria, los ingresos por soportes publicitarios son mayores que en Tenerife, donde solo unos pocos se benefician de esta posibilidad, que, además, empezó a incluirse apenas hace cinco carnavales. Pero sí hay algo que podrían envidiar los tinerfeños: los concursos de Las Palmas de Gran Canaria conllevan dotación económica para los premios, tanto de interpretación como de presentación, que por cierto en aquella isla se denominan de vestuario.
Concursos
Diferencias de programas al margen, los actos coincidentes en ambas capitales también presentan su propias particularidades. Para empezar, en las bases del certamen de comparsas ya se aprecian curiosas diferencias. Por lo pronto, en Tenerife se completa la competición en el escenario con un concurso en el que los grupos muestran la coreografía en la calle. Lo que se conoce como Ritmo y Armonía, y que ahora lleva el nombre del fundador de las comparsas Manolo Monzón, no existe en Gran Canaria.
Como curiosidad, las obligaciones para estos grupos en ambas ciudades son solo parecidas. El número mínimo de integrantes es de 40 en Tenerife y disponen de 30 minutos como máximo, mientras que en Gran Canaria los componentes no pueden ser menos de 25 con 23 minutos de actuación. Si en Santa Cruz, las comparsas están obligadas a cantar en riguroso directo, esta posibilidad se contempla solo como opción en Las Palmas, donde sí obligan al menos a un cambio de vestuario durante el espectáculo.
Además, los sistemas de puntuación para los concursos de la capital grancanaria también difieren de la ciudad chicharrera. Media aritmética o suma. Esa es la diferencia. En Las Palmas parece que no se complican demasiado, cada miembro del jurado puntúa la interpretación del grupo, tanto murgas o comparsas, del uno al diez y al finalizar simplemente se suman. Para darle una vuelta de rosca, las bases recogen una serie de penalizaciones que se restarán del resultado.
Por último, las condiciones en las que se miden las candidatas a reina del Carnaval también presentan ciertos aspectos diferentes, aunque se trate de un certamen bastante similar. Se podría decir que en la capital tinerfeña se gana en espectacularidad puesto que el máximo de los trajes a presentar es mayor: 4,5x5x6 metros frente a 4,5x3,5x4,5 metros, además de que las aspirantes cuentan con medio minuto más para desfilar en el escenario. En este apartado, el sistema de puntuación es diferente, aunque en ambos casos se suma. En Gran Canaria, el jurado designado votará de 1 a 8 puntos, 10 y 12 a sus fantasías preferidas y se incluye el pronunciamiento popular a través de sistemas telemáticos. Las bases tinerfeñas incluyen este apartado como opcional, en función de las posibilidades de cada edición, y los miembros del jurado solo puntúan a cinco aspirantes con 7, 8, 9, 10 y 12 puntos.
Se trata de diferencias que hacen única cada fiesta, a la que cada población está acostumbrado, pero el debate, evidentemente es: ¿Cuál de las dos es mejor?
Murgas parecidas pero tan diferentes...
Las murgas levantan pasiones en cualquier rincón de las Islas, desde Valterra en Lanzarote a Vallehermoso en La Gomera. Es un colectivo perfectamente integrado en las carnestolendas canarias que, además, en el caso de las dos capitales de provincia, protagoniza uno de los actos más esperados. La final del concurso, tanto en el Recinto Ferial chicharrero como en el Parque Santa Catalina canarión, presenta cada año un lleno absoluto. Son tan conocidas que es inevitable la comparación, que desde hace 13 ediciones ha puesto en bandeja el Encuentro Regional de Murgas de Candelaria. En la Villa Mariana, al margen de cuestiones subjetivas como la calidad de la interpretación, la principal diferencia salta a la vista: la presencia de una bandera (o abanderada, que es como se les conoce inapropiadamente en Tenerife). Lo que ocurre en el escenario es una cosa pero, incluso dentro de sus similitudes, la organización de los grupos críticos difiere en función de su lugar de procedencia.
En Gran Canaria, y no solo en la capital, es habitual que las murgas formen una especie de paquete familiar. Bajo un mismo entramado social se configuran murgas masculinas y femeninas y en algunos casos una infantil. Esta cuestión es impensable en Tenerife, donde a pesar de las sinergias que se generen entre determinadas formaciones, lo cierto es que cada una de ellas funcione de manera totalmente diferente. Llama la atención, además, que en la Isla el único grupo crítico que participa en dos concursos es la murga que gane el concurso del Norte en la edición anterior (en este caso Trapaseros). En Gran Canaria, sin embargo, las formaciones se encuentra en los diferentes certámenes que se desarrollan en varias localidades de la Isla. En cuanto a los requisitos del concurso en las capitales, las bases reflejan apartados con diferencias reseñables. Más sencillo es en Santa Cruz el apartado que regula el número de componentes de una murga: Como mínimo 35 y como máximo 85. En Las Palmas es un tanto más complejo.
En total no se permite que los integrantes excedan de 93, pero además el máximo cantando es de 70, sin contar el director ni la percusión, que no puede contar con más de ocho integrantes. El mínimo es de 25 miembros, 35 si se trata de una murga que se estrena en el certamen. Más complejo aún es el sistema de puntuación. En la capital tinerfeña se puntúa en el caso de los premios de interpretación en base a calidad del repertorio (cinco puntos), voces (2,5 puntos) e inteligibilidad (2,5). En Las Palmas se puntúa la calidad hasta con 10, las voces con cinco y la puesta en escena con tres.
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