Antes de eso, siete murgas cerraron el concurso en una fase con altibajos en la que la fuerza de Paralepípedos y la simpatía de Rebeldes elevó el nivel. Tras la obertura, lo siguiente en ocupar el escenario ya sorprendieron. La fantasía de Chinchositos, reflectante en la penumbra, se tornó en un sorpresa divertida al emular a los populares muñecos de Playmobil. Nostalgia para los más viejos, descubrimiento para los más pequeños. La murga, dirigida por el veterano Berto Marichal, aprovechó la fantasía para montar, literalmente, una juguetería en el Recinto Ferial, con muñecos en sus paquetes y todo. Entre la Barbie por la que se "pelean" Batman y Buzz Lightyear y un montón de superhéroes, los niños revelaron la lista de juguetes más vendidos que en Canarias fue el scalextric. Terminaron recordando a los adultos que "su educación no es un juguete". A ritmo de pasodoble que "con una patada manda a parar", los niños denunciaron diferentes aspectos relacionados con el Carnaval, desde el cartel de Alejandro Tosco a la retransmisión de los actos por televisión, para cerrar con un homeanej a lo nombres propios del colectivo, en su versión adulta, tanto directores de murgas, responsables musicales como directores.
Rebeldes cumplió 45 años y lo hizo a lo grande. En volandas les llevó su afición y su directora, Tati Arias, hasta una actuación memorable. Fuerza y simpatía a raudales desde el primer acorde de su presentación a pesar de ser interpretada por una solista. Un manual para ser el niño perfecto sirvió de eje en su primer tema en el que leyeron normas como cepillarse los dientes, la hora a la que hay que acostarse o a mantener la habitación limpia. Tras un simpático golpe sobre la comida (pescado no como porque me recuerda a Nemo), mostraron el mejor momento de la canción. En su manual también hay prohibiciones, todas las de las playas, tantas que según se queja Rebeldes "en realidad prohiben niños".
Prometía el segundo tema. Una fiesta de pijamas para estar Solos en casa y jugar a lo que quisieran: pescar en la pecera o encender la barbacoa. Algunos puntos simpáticos como la cuerada que dieron al hombre del saco o el escondite, en el que desaparecieron del escenario. Muy visual, un juego más que una canción.
Tras ellos llegó el turno de Revoltosos, que aprovechó su actuación para reinvidicar la importancia de la cantera en el Carnaval. Pero no se digieron a los chicharreros, sino a los canariones que "copian porque como no enseñan a los niños no tienen identidad" y para terminar presumen de lo que ellos, como cantera, han aprendido: Nada mejor que finalizar a ritmo de Cubanito.En su segunda canción fingieron irse de acampada, con las habituales situaciones en ese tipo de aventuras, como no encontrar un sitio apropiado para ir al servicio o lo que cuesta armar la caseta.
Revoltosos dio paso a Tiquis Miquis, que propusieron un diálogo dentro de la murga entre los que se definen como parranderos y los más modernos. Tradición de la folía frente al ritmo de El Tiburón, el sabor del gofio o un menú de McDonald´s,... algunas de las dualidades que plantearon antes de hacer un llamamiento a la unidad del pueblo canario, "como hicieron los guanches" pero para plantar cara a las prospecciones. Algo más divertidos se mostraron en su segundo tema, en el que explicaron las situaciones que se encontraría un visitante del pasado y que se sorprende por ejemplo por el sonido de un whatsapp ("¿Cómo cabe un pájaro ahí dentro?"). Arrancaron el aplauso al felicitar a Rebeldes por su 45 aniversario y reconocieron sobre todo a sus dirigentes (José Francisco Cortés, padre e hijo). Canto final para denunciar la violencia con la que se encuentran al venir desde el pasado, tanto en carnavales como en el fútbol.
En la recta final de la noche, Frikywiky´s se plantó en el Recinto Ferial ataviados de magos. Para la murga el premio ya era cantar puesto que así lo reivindicaron antes de su propia despedida. Crítica en las dos, más en el primero en el que exigieron al alcalde José Manuel Bermúdez que "empiece los zafarranchos de limpieza por los barrios" y que culminaron por un lamento por la pobreza infantil. En el segundo emularon varias tribus, en las que no pudo faltar el Friky.
Intantilmónica Paralepípedos es sinónimo de experiencia y aprendizaje, de esos que les aportan sus grandes Triquikonas y Lenguatrapos, que saben cómo levantar al público de sus asientos. La seguridad también la han heredado de las adultas y eso se nota desde el primer momento. Su fantasía de Rey Martín sirvió para envolver el primer tema, en el que hablaron desde el punto de vista de un niño acostumbrado a las comodidades. Dos retahílas consecutivas, una para Bermúdez y otra por el listado interminable de material escolar ("las familias no pueden con más gasto"), fueron los primeros avisos de que Paralepípedos llegó con ganas. Una batalla del Rey con un invasor del mar (una plataforma petrolífera) ganó con la puesta en escena pero faltaba el efecto final con una queja al concejal por la mala organización de la Cabalgata del año pasado.
La segunda canción, mucho más comercial, imitaba un programa de televisión con el título Tu hocico me suena. El primer personaje, la ganadora de Gran Hermano sirvió para denunciar la telebasura, eso sí después de imitar a la perfección diálogos del programa, lo que resulta un tanto incoherente. Explotó su final al máximo, pues del programa salieron murgueras con disfraces de grupos adultos formados por mujeres, lo que sirvió para terminar de enganchar al público. Un homenaje al colectivo femenino, "que en la cantera es mayoría" y que viene apadrinado precisamente por el éxito de Triquikonas.
De la última murga en participar, El Cabito, sorprendió de primeras su fantasía de muñeco de nieve, mucho más bonito que la escultura que se encuentra en Los Majuelos, desde luego. Su interpretación, crítica de arriba a abajo, sin humor y sin alardes, sin parodia ni puesta en escena. Una murguita por tanto como las que se escuchaban antes. Su rimer tema, reveló los problemas que sufre un niño hijo de padres separados "arrastrando todo el día la maleta como una marioneta", con un cambio de rosca repentino para reivindicar la menos competitividad en el concurso de murgas infantiles. En el segundo tema, como ya hicieran formaciones anteriores, recurrieron al tradicional pasodoble para quejarse de no recibir contenidos canarios en el colegio y para terminar nuevo canto a la unida en las murgas infantiles.
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