jueves, 19 de febrero de 2015

Cuando doña sardina fue buche

La sardina del Carnaval de Arrecife quiso despedirse ayer de sus seres queridos a la manera tradicional. Bien podría haber elegido un asadero para contentar al menos a unos estómagos necesitados de viandas para aguantar tanto meneo aunque al final se decantó por rendir un merecido homenaje a la parranda marinera de Los Buches.


Fue así como la sardina optó por lucir una de las caretas con la que Los Buches se pasean desde hace más de 50 años por las calles de Arrecife. Y de paso rendir tributo a esos buches elaborados con las vejigas de grandes peces que posteriormente se curten y se inflan. "Si me quemo por lo menos que sepan que no me olvido de mis seres queridos", fue con toda seguridad uno de sus últimos pensamientos antes de arder en el parque situado junto a la playa del Reducto.

Pero antes de que la sardina se convirtiera en ceniza fueron muchos los viudos, viudas, sacerdotes y monjas que tomaron parte del cortejo fúnebre por la avenida marítima de la capital conejera. En esta ocasión, el entierro contó incluso con un Pope ortodoxo que casualmente tiene su residencia al lado de la iglesia de San Ginés. "Para el entierro de la sardina tengo un disfraz de Papa y otro de Pope, que voy alternando todos los años", aseguraba Alexis Niz que se ha convertido en uno de los personajes del carnaval conejero.



"El otro día me encontré en mi casa un disfraz de la comparsa camagüey, una de las primeras que hubo en Lanzarote ya que cuando era niño fui su abanderado", recordaba Alexis, quien a sus 52 años es una auténtica enciclopedia carnavalera. Y entre tanta lágrima, el Pope de Arrecife no paraba de bendecir a todo aquel que se le cruzaba en el camino.

El sepelio de doña sardina se convirtió ayer en un acontecimiento social que congregó a lanzaroteños de todos los municipios de la Isla. Domingo García y su hijo Roberto echaron mano de la ropa de la abuela para despedir a la difunta. "No me he perdido ni un solo entierro aunque en esta ocasión me faltan los tacones", se lamentaba Domingo García que había llegado desde El Islote en San Bartolomé.

Eso sí, Domingo García se ha encargado de inculcar el Carnaval a sus hijos y nietos. "Mi hija está en la murga Las Vacilonas que ganaron este año y mi nieto en Los Retoñitos", presumía Domingo que lucía una sombrera campesina.

Otra que tampoco quiso faltar a la gran cita fue Mari Fe Brito, que estuvo acompañada por sus hijos Samuel y Nayara. "La verdad es que solemos ir a todos los cosos que se celebran en Lanzarote, siempre y cuando el cuerpo aguante", aclaraba Mari Fe que había hecho un auténtico trabajo profesional para caracterizar a su hijo Samuel como una 'abuelita' en miniatura. "Este año he venido sola porque mi marido estaba trabajando", dijo apenada.

A los que no se les vio nada triste fue a Rafael Cabrera y Gonzalo Miranda que se habían trasladado de Granada para vivir los carnavales de Lanzarote, aprovechando que la hija de uno de ellos está trabajando en la Isla. "Es muy divertido", aseguraban.

Más contrariados iban los componentes de la carroza ganadora Ciborg, la era de la extinción, que amenazaban a los asistentes al entierro con capturarlos como esclavos para su particular galaxia carnavalera. "Hemos venido al Carnaval de Lanzarote para coger esclavos", tronaba una voz de ultramundo. Aunque para ser sinceros las amenazas de los Ciborg quedaron en saco roto porque el fin del mundo puede esperar a que pasen las carnestolendas.

En medio de tanto sollozo las murgueras de Las Vacilonas se tomaron muy en serio su papel de escoltar a doña sardina por haber sido la murga ganadora del concurso de letras e interpretación. Y como premio, las Vacilonas tuvieron el honor de quedarse con la máscara de los Buches que lucía la sardina. La tradición sigue viva.

La ProvinciaDomingo Rivero

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