Alejandro Tosco de Castro (Santa Cruz, 1975) no se considera heredero de nadie. Ni tampoco escultor, a pesar de sus esculturas en el Museo de Bellas Artes de la capital tinerfeña,acompañadas de su obra pictórica Deconstrucción Atlántica. Fernando Castro Borrego, que es el gurú crítico del arte canario, dice de la obra de Alejandro que es abstracta, pero con fuertes reminiscencias figurativas, derivadas vamos a decir que del mar; por simplificar. Ha expuesto en Japón, en Miami, pronto en Hong Kong y también en La Habana, donde será difícil vender sus cuadros. Ni hay un dólar, ni falta que les hace a los cubanos colgar colores hermosos en las paredes de sus destartaladas casas. Alejandro es el autor polémico del penúltimo cartel del Carnaval -el último fue la tomadura de pelo al pueblo chicharrero de Pepe Dámaso-; el de Tosco es una explosión de color, valga el pedazo de tópico. Lo tituló Coral de Carnaval. Cuando me atrevo a decirle que un pintor debe tener una época figurativa para que le crean, como Picasso, me dice, riéndose: “La base del dibujo es fundamental. Yo pinté mi autorretrato, o mejor, lo dibujé, porque no me atreví a darle color. El dibujo figurativo me gusta mucho”. Ahora ha hecho maravillas: collages con mangos de pinceles que parecen peces de un solo ojo y espinas de pescados que son peces tan vivos como los que nadan en el mar. No deben perderse ustedes la muestra de Alejandro Tosco. Entrando en Santa Cruz, por la carretera del mar, hay una escultura de Alejandro, un pez escorpión, donada a la ciudad por la Mutua Tinerfeña.¿Cuál es su referente?
“En las Islas, Néstor”.
Pues lo tiene usted en el Casino de los Caballeros, entidad a la que por cierto asesora.
“El salón del Real Casino de Tenerife, que usted llama de los Caballeros, es la Capilla Sixtina de la pintura canaria, como dijo el profesor Fernando Castro Borrego. Porque también está Aguiar en las paredes; y César”.
