Lejos
queda ya la faena con la que Luis Mazzantini y Antonio Moreno
"Lagartijillo" iniciaron una frenética actividad que se prolongaría
durante décadas. Con cierta importancia, hasta 1984. Lidiaron, en ese
entonces, astados de la ganadería Benjumea.
En realidad, la plaza de Santa Cruz fue la
continuación de una pasión que se había hecho realidad unos cuantos
kilómetros más arriba, en el municipio de La Laguna, en concreto en el
barrio de San Juan. Allí, la afición por los toros que reinaba en las
Islas había cristalizado en una vieja plaza de madera.
La de la capital, sin embargo, superó esas
expectativas. La sociedad, que se denominó "La Tinerfeña", diseñó un
recinto moderno, con capacidad para casi 7.000 personas. Como
curiosidad, las obras se adjudicaron por 105.558 pesetas. El proyecto
fue del arquitecto municipal, recién llegado a la Isla, Antonio Pintor.
De la importancia que, durante años,
adquirió el coso taurino de las Ramblas, quedan los nombres de los
toreros que pisaron su arena. Entre los más destacados figuran
"Joselito", Fernando Gómez "El Gallo", Pascual Bueno "El Mejicano", los
hermanos Dominguín, Miguel Báez "Litri", Palomo Linares, "El Cordobés" o
el tinerfeño Avelino Rivero "Pedrucho de Canarias" -fallecido en 2005-.
Fueron años de esplendor, y también de
reveses. El más importante ocurrió en 1924, cuando la plaza fue
destruida parcialmente por un incendio. Sucedió el 1 de mayo de ese año
y, según distintos documentos en los que se ha descrito el incidente, se
supone que fue una colilla mal apagada la que generó el fuego, que
comenzó por la enfermería. En la plaza se celebraba el baile de magos.




