Estos días, un joven de 22 años, Alberto Starkmann ha planteado un nuevo debate social, un planteamiento que dibuja otra máscara al Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria. Un Carnaval pionero en lo que a genero e identidad se refiere, ya que, cuando aún no existían ni leyes LGTBIQ, ni etiquetas, ya encabezaba la Cabalgata con Juan Curbelo y sus vestidos de mil colores con sus plumas al viento. Ese transgresor carnavalero era Juanito el Pionero, un hombre y su identidad. Nadie preguntó entonces por su género, ni la Guardia Civil, él que había sufrido persecución en el franquismo sabía que era el momento de romper el silencio.Eran los inicios de los años 80, mientras la movida creaba iconos en Madrid, Juanito rompió esquemas en la calle La Naval, nunca estuvo solo, La Palmera, La Pioner, Melo, Paloma, La Sorda, Batutsi, transformistas y transexuales amigos, incluso el popular Xayo formaban parte de aquel ejército de salvación que en cada desfile se ganaban el cariño y el respeto de los palmenses con su defensa de las libertades conquistadas con la llegada de la democracia y que ellos defendían que había llegado para todos.
Nuestro carnaval ha sido, y es, el espejo de la transformación social que hemos vivido en los últimos 45 años, no es casual que se recuperara justo a los tres meses de la muerte del dictador. La primera cabalgata la organizó Manolo García, en febrero de 1976, en plena transición. Fue corta pero contundente, de la Isleta hasta el Parque de Santa Catalina. Allí, sin imaginarlo, se creo un lazo de arcoíris entre la fiesta y la diversidad.
Una diversidad que era retrato de un Puerto cosmopolita, moderno y abierto, que entendía que la felicidad y el amor no tienen etiqueta, solo manual de supervivencia.
Con los años la fiesta crece y el espacio de convivencia se normaliza y los pioneros dejan de ser noticia para convertirse en iconos, ellos, los valientes siempre delante gritando al mundo, este soy yo y este mi Carnaval. Sigue sorprendiendo al visitante que el disfraz mas común entre los hombres de esta ciudad, sea justamente el de mujer. Azafatas con pelo en el pecho, bailarinas con mostacho. Un juego de intercambio de roles que retrata la madurez de una sociedad sin complejos de identidad, donde las mujeres, madres, hermanas y esposas, prestan el sujetador con dos calcetines para que te sientas mas cerca de alguien que admiras y/o amas. En eso consiste la fiesta de la mascara, romper la normas y transgredir, por unas horas o por unos días, depende de las ganas de diversión.




