
Amanece en Santa Cruz de Tenerife. Apenas se respira Carnaval. Solo el brillo esporádico de la purpurina abandonada en la acera recordaba que el día y la noche anterior la capital de la Isla había sido invadida por un mundo de fantasía. Algún que otro disfraz aún paseaba por las calles chicharreras y un sonido extraño interrumpe la calma tras la fiesta. Es un claxon con acordes de tradición, procedente de un vehículo de más de 80 años que intenta hacerse un hueco en el Parque García Sanabria.
El pulmón del centro de la ciudad fue el epicentro del primer acto del último día de las carnestolendas de 2014: el XLIII Gran Concurso en la Ciudad de Automóviles Antiguos. Con un DNI de en torno a ocho décadas pero sin una sola arruga en la carrocería, la elegancia de los coches se acompañaba con la de sus ocupantes. Vestidos como si Santa Cruz se hubiera trasladado a los años 30, tanto ellos como los automóviles hicieron las delicias de un nutrido grupo de amantes del motor y de curiosos.
Lo cierto es que las calles del Parque García Sanabria se llenaron enseguida de un público que nunca falla a esta cita del domingo de Piñata. Al volante, los conductores y los propietarios se iban saludando cortésmente, absolutamente metidos en su papel de élite de la década de los 30. No en vano la mayor parte de ellos coincide cada año desde el inicio del concurso.
Es el caso de Gonzalo Coello, farmacéutico de profesión pero pequeño coleccionista de joyas del automovilismo. Desde Candelaria, llegó con sus dos coches: un Chevrolet y un Austin que llevan en su poder desde hace unos 50 años. Aunque tiene otros dos vehículos, ambos Mercedes catalogados como clásicos, siente especial predilección por sus antigüedades y guarda con cariño una divertida anécdota respecto a su Austin. "Está matriculado en Gran Canaria así que cuando lo compré recibí muchas bromas hasta que un día les conté que como el coche era Californiano me dejaron ponerle mis iniciales en la matrícula: GC", explica Coello.
El propietario asegura que tener estos vehículos, que suele prestarlos para bodas, requiere muchos cuidados tales "como sacarlos de vez en cuando para no tenerlos siempre encerrados en un garaje o conducir con mucha precaución". Sin embargo, otro de los dueños de estas joyas históricas, Sergio Jiménez, afirma que "en realidad estos coches dan menos problemas que los de ahora porque tienen una mecánica mucho más sencilla".
Jiménez, que condujo ayer uno de sus tres Chevrolet del 32, dice que tiene afición por este tipo de vehículos desde que tenia 18 años por lo que se ha decidido a comprarlos. "Todos tienen su ITV en regla y tienen por tanto permitida la circulación, aunque solo los sacamos de vez en cuando, sobre todo para eventos como este concurso", comenta.
Así, entre escenas de principios del siglo pasado y un curioso público fue desarrollándose la mañana en el Parque García Sanabria hasta que poco después de las doce rugieron los motores y lo coches se encaminaron a la Avenida Francisco La Roche. Entonces el Carnaval había vuelto al centro, aunque en su vertiente más sosegada: la Plaza del Príncipe volvió a acoger las mejores mañanas de las fiestas de siempre.
Con el público abarrotando las sillas, los primeros en subir al templete fueron los componentes de la Afilarmónica Ni Fú-Ni Fá, cantando frente a la escultura del que fuera su alma mater, Enrique González, y que durante todas las carnestolendas ha lucido con un pequeño ramo bajo el brazo. Tras la despedida de la querida Fufa, la lírica de Los Fregolinos tornó el ambiente en bellas melodías para despedir a Don Carnal. Y eso a pesar de que a los escenarios de la capital chicharrera aún le quedaba una tarde por delante repleta de actuaciones.
La llovizna que se registró ayer por la tarde en Santa Cruz de Tenerife empañó de alguna manera las últimas horas del Carnaval de este año. Pero no logró impedir que los carnavaleros se despidieran de sus fiestas: los grupos interpretaron por última vez sus repertorios en los escenarios de la capital ante un escaso público, antes de seguir su recorrido por el resto de las carnestolendas tinerfeñas.
Así terminó el Carnaval de los dibujos animados. Con un fin de semana de Piñata repleto de fantasía que se saldó con 140 atenciones en el hospital de campaña durante la última noche. Con una jornada entre la sobriedad y la pena. La elegancia de los coches antiguos y las actuaciones de la Plaza del Príncipe. La tristeza del adiós a los bailes y a los escenarios. Y con una certeza: hasta el año que vienE,

Maria Plasencia